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La Ciudad:
Un Tesoro Multicultural

La ciudad ha sido históricamente el espacio público y social por excelencia, que posibilita la convivencia ciudadana en múltiples trayectorias, tanto en el plano individual como grupal. En ella confluyen distintas realidades en constante movimiento, en un incesante proceso de construcción y deconstrucción, que debe ser aprovechado para promover el desarrollo cultural y los procesos creativos.

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La ciudad, y lo que en ella acontece, se presenta entonces con una doble instrumentalidad. Por una parte, es fuente de inspiración para los procesos de creación, y por otra, constituye un potente espacio para la exhibición, difusión y promoción de las obras. Es aquí donde lo cultural también debe proyectarse para así aspirar a darle mayor sustentabilidad y accesibilidad a lo creado.

Este planteamiento no promueve una renuncia a la institucionalidad cultural que tanto ha costado construir, sino más bien un complemento entre dicha institucionalidad y los espacios que nos ofrece la ciudad: espacios que posibilitan expandir y consolidar audiencias, que nos retroalimentan con la cotidianidad de los lugares públicos y con las experiencias que allí transcurren.

Así, se puede aspirar a que la ciudadanía acceda a más manifestaciones artísticas y culturales de calidad, generando la participación creativa y promoviendo el intercambio y la cooperación. El desafío, entonces, es incorporar a la ciudad como un gran espacio cultural, que permita reconocer al ciudadano con su propia construcción de cultura e identidad.

Bajo esta perspectiva, las instituciones culturales deberían presentarse como espacios abiertos a la comunidad, representando y promocionando valores e intereses artístico-culturales en el territorio donde están insertos. Para esto, se hace fundamental evitar la simplificación —con la que muchos convivimos— que establece que sólo lo artístico es lo cultural.

Es necesario ir más allá, considerar a la ciudad y a sus ciudadanos entes creadores de su propia cultura, pues lo cultural no debe centralizarse sólo en la creación artística, sino también en la expresión de las identidades personales y colectivas, en la interacción social del barrio, en la presencia de personajes populares en entornos históricos o pintorescos e, incluso, en las maneras de vivir el ocio. En definitiva, en la forma de construir una sociedad, donde la ciudad se defina como un “Tesoro de Cultura y Multiculturalidad”.

Sebastián Silva

 

 

 

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