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En Circuito Cultural Santiago Poniente:
¡CELEBRAMOS EL DÍA DEL PATRIMONIO!

Durante toda la jornada del 25 de mayo, las instituciones que conforman el Circuito Cultural Santiago Poniente ofrecerán una serie de visitas guiadas, con especial énfasis en el valor arquitectónico y patrimonial de cada edificio. Además, en todas ellas, se desarrollarán actividades científicas y culturales anexas donde podrá participar toda la familia.

¡Qué duda cabe! Si hablamos de patrimonio, tanto tangible como intangible, uno de los lugares indispensables a considerar, dentro de la capital, es la zona de Santiago Poniente, donde confluyen modernas edificaciones con otras de más de un siglo de antigüedad. En pocas palabras, gran parte de la historia de la arquitectura de nuestro país se ha desarrollado —y, más importante aún, conservado— en este particular sector de la ciudad (que comprende desde la Alameda hasta el Parque Quinta Normal, tomando como eje la calle Matucana), donde se ha emplazado, no por casualidad, el Circuito Cultural Santiago Poniente.

Los ejemplos hablan por sí solos. El Museo Artequín está emplazado en el “Pabellón de París” que data de 1889; la Biblioteca de Santiago, obra del arquitecto Raúl Sierralta, es un valioso exponente de la arquitectura fiscal de los años veinte; Matucana 100 ocupa antiguos galpones (1903) que albergaron a cientos de funcionarios de Ferrocarriles del Estado; el MAC Quinta Normal fue construido en 1918 por los afamados arquitectos Luciano Kulczewski y Alberto Cruz-Montt (responsable de los edificios del Club de la Unión, el Banco Central y el Palacio Ariztía, entre otros); el MNHN fue diseñado por el francés Paul Lathoud para albergar la “Primera Exposición Internacional” (que serviría para mostrar al mundo los logros del Chile de mediados del siglo XIX), inaugurada el 16 de septiembre de 1875; el Planetario-USACH —que data de la década de los años ‘80— obra de Oscar Mc Clure (quien, según cuenta la leyenda, se inspiró en las pirámides mayas) y la Universidad de Santiago de Chile, poseedora de una tradición de más de 150 años desde que fuera fundada en 1849 como Escuela de Artes y Oficios.

LA VOZ DE UN EXPERTO
Arquitecto Fernando Castillo Velasco:

“En ese sector, todavía se vive humanamente”

Una de las voces autorizadas para hablar del valor patrimonial de Santiago Poniente es, sin duda, el arquitecto chileno Fernando Castillo Velasco, quien —junto a Carlos Bresciani, Héctor Valdés y Carlos García Huidobro— proyectó la emblemática Villa Portales y la Universidad de Santiago de Chile. Aquí transcribimos un extracto de lo que nos contó en una íntima entrevista, realizada en su propia casa.

¿Cómo nace la Villa Portales?

A nosotros nos tocó resolver el problema de una parte importante de la ciudad de Santiago, en cuanto a lo que era el límite de la capital: la Avenida General Velásquez. Ante esto, el proyecto se centró en crear ese borde de la ciudad, con la idea que, espacialmente, se abriera hacia a la cordillera, que en ese entonces se veía y que era muy importante como factor de identidad. Queríamos disponer edificios que recordaran la estructura urbana de la ciudad que está conformada por manzanas de 100 por 100 metros. Aunque densificábamos y colocábamos edificios, se conservaba gran parte de la vegetación existente y emulábamos el concepto de ciudad fundada por Pedro de Valdivia.

¿Cuál es el vínculo de los vecinos con la Villa Portales?

Los vecinos se sienten poseedores de un patrimonio importante, y creen que sus casas son muy buenas, pero que, a la vez, están muy estropeadas. Ellos están muy indecisos en cómo invertir el dinero que les está proporcionando el Estado para mejorar las condiciones de la Villa. Unos quieren densificar más, otros que no se les toque nada, hay varias tendencias. El grupo que está trabajando en el Plan de Mejoramiento de la Villa está intentando lograr comunidades más pequeñas al interior de la Villa, en vez de que sea una sola grande como nosotros la pretendíamos en ese tiempo. Hoy entendemos que la vida comunitaria de la gente se da en un área más pequeña, con un número más reducido de personas, para que haya realmente la posibilidad de convivir, establecer relaciones humanas de amor, amistad y solidaridad. Todo eso a la escala de la Villa es difícil.

Como oficina, también participaron en la construcción de la Universidad Técnica del Estado, actual Universidad de Santiago de Chile…

Cuando llevábamos dos años de trabajo en diseñar la Unidad Vecinal Portales, se creó la Universidad Técnica del Estado y se nombró a Santiago Labarca como Rector. Él fue donde el presidente Ibáñez y le explicó que dicha población ocuparía terrenos necesarios para el emplazamiento de la Universidad Técnica, lo que implicó que se paralizaran las obras en la Villa. Ante esto, nosotros hicimos un anteproyecto y una maqueta para la construcción de la Universidad y se la presentamos al Rector, quien respondió: ‘Muy pechoños serán ustedes, y muy masón seré yo, pero mañana les firmo el contrato. Porque hace mucho tiempo que estoy pidiendo esto y ustedes lo traen listo’. El problema arquitectónico que se nos planteó de construir un conjunto habitacional y una universidad en un solo gran espacio, nos llevó a plantearnos el problema de guardar la escala. Los tamaños de los edificios guardan armonía pero son distintos: la Universidad Técnica está hecha muy prolijamente, en acero sobre todo, muy milimétricamente diseñada; en cambio la Unidad Vecinal Portales es muy artesanal, muy dura, muy tosca. En definitiva se trata de un mismo proyecto, donde en uno usamos la tecnología más nueva, y en otro aprovechamos, el arte, la artesanía, la capacidad del obrero.

¿Cuál es el valor patrimonial que le atribuye a esta zona de Santiago?

Allí se observa la acumulación de distintas obras arquitectónicas producidas en el tiempo con una cierta capacidad de armonizar unas con otras, donde hay un predominio de la vegetación sobre la arquitectura. Las ciudades son organismos vivos que deben estar desarrollándose, pero los chilenos no hacemos ese proceso en consonancia con los valores que ya tienen las cosas, sino que pasamos un tractor, demolemos todo y construimos otra cosa. En Santiago Poniente, en cambio, no se ve eso. A la totalidad de esa zona le quedan vestigios de cómo era la vida hace 50 o 60 años atrás. En ese sector, todavía se vive humanamente.

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