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Circuito Cultural Santiago Poniente:
UN ESPACIO PARA LA EDUCACIÓN Y LA CULTURA
Además de ofrecer una amplia gama de actividades científicas y culturales, las instituciones que conforman el Circuito Cultural Santiago Poniente han elaborado diversas herramientas educativas para que el visitante se apropie, plenamente, de la oferta cultural del sector.
“Toda obra esta hecha dos veces: una por el creador y otra por el espectador, o mejor, por la sociedad a la que pertenece el espectador”, dice el sociólogo francés Pierre Bourdieu en su ensayo “Elementos de una teoría sociológica de la percepción artística”. A partir de este artículo, y extrapolando libremente su pensamiento, podemos reflexionar sobre la misión que deberían cumplir las instituciones culturales, más allá de sus objetivos específicos.
En la actualidad, la oferta cultural crece día a día y cada vez son más las personas que tienen acceso a bienes de tipo artístico y científico. No obstante, lo cierto es que la “democratización” del acceso a la cultura —como la gratuidad de los museos y otras manifestaciones culturales sin costo para el público— no rompe el círculo de inequidad entre un público iniciado (que posee las herramientas para apropiarse de dichos bienes), y los no-iniciados, que no logran configurar una experiencia estética y ética en plenitud y que, por tanto, no experimentan —en definitiva— la “necesidad” de “consumir” bienes culturales.
Es en este punto donde destaca el estrecho vínculo entre la cultura y la educación, ya sea esta formal (curricular) o informal. Los espacios culturales se entienden como entidades que, por su naturaleza, se enmarcan en lo que se denomina “educación no formal o informal” y que cada día adquiere mayor peso como complemento a la educación escolarizada. La educación no formal, en cualquier ámbito del saber, debiera ser entendida como una potente herramienta pedagógica que amplía los límites del aula y que entrega alternativas innovadoras para el desarrollo integral del individuo y su formación permanente.
Frente a un bien cultural tenemos, por una parte, “la obra”, que puede entenderse como el emisor de un mensaje complejo, con claves y códigos difíciles interpretar y/o comprender. Por otra parte, está el receptor (visitante o espectador) que se enfrenta a las obras, la mayoría de las veces, como un no-iniciado, es decir, no porta —necesariamente—, los códigos sociales que le permiten enfrentar, de forma plena, la experiencia cultural.
El o los sistemas de percepción necesarios para el logro de una experiencia significativa son, sino más complejos, al menos distintos que los que utilizamos en la percepción del mundo natural para dotarlo de sentido. Así, podríamos decir que los espacios culturales, en el más amplio sentido, tienen un doble desafío, ya que de una u otra forma deben hacerse cargo del espectador: “bajando” la complejidad del significado de la obra y/o “educando” al público masivo o no iniciado, poniendo a su disposición técnicas, herramientas y otras estrategias que le posibiliten la apropiación plena de los bienes culturales.
Los espacios culturales, explícita o implícitamente, han creado herramientas que cumplen con el objetivo de ayudar al visitante a encontrar, compartir e internalizar claves que harán de la visita una experiencia plena. Una forma de romper este círculo vicioso es que, junto a la obra, se den pistas para un acercamiento más significativo: se pueden adjuntar explicaciones u entregar material escrito o audiovisual, entre otros. De mayor potencia en este desafío, sin embargo, son las instancias de acercamiento entre los que conocen estos códigos y el público general, lo que permite ir ampliando la capacidad de percepción.
En este contexto, el visitante puede encontrar en las instituciones que conforman el Circuito Cultural Santiago Poniente, una gran variedad de propuestas, de fácil acceso (los transeúntes pueden realizar un recorrido a pie por todas ellas), que le permitirán disfrutar de una amplia gama de manifestaciones artísticas y científicas. La entretención está garantizada: la oferta cultural del sector está pensada para satisfacer hasta el público más exigente.
Haydée Domic T.
Coordinadora del proyecto Fondart Bicentenario
“Circuito Cultural Santiago Poniente”
Directora del Planetario USACH
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