Tema del Mes / Anteriores
¿Por qué nace el Circuito Cultural?
Enero 2008
Siete instituciones se han unido en este importante proyecto —impulsado por la Universidad de Santiago de Chile, a través de la Fundación Planetario— que pretende activar la participación ciudadana en un sector de la capital donde se concentran importantes polos de desarrollo científico y cultural.
La Universidad de Santiago de Chile, el Planetario, Matucana 100, el Museo Nacional de Historia Natural, la Biblioteca de Santiago, Artequín, el Museo de Arte Contemporáneo de la Quinta Normal… ¿Qué tienen en común todas estas instituciones? En primer lugar, se trata de importantes polos de desarrollo y difusión de la ciencia y la cultura en el país. Y, además, todas se ubican en el sector poniente de la capital, en el eje de la calle Matucana, en un área que comprende desde la Alameda hasta el Parque Quinta Normal.
A pesar de la escasa distancia que separa a estas instituciones (un transeúnte animado podría, sin dificultad, realizar un recorrido a pie por todas ellas), la experiencia señala que la mayoría de los visitantes sólo acude a una o dos de ellas —en el mejor de los casos— cada vez que transita por el sector.
Si bien los públicos objetivos de cada una de las instituciones son bastante distintos entre sí, y las actividades que ofrecen son de carácter muy diferente (aunque complementarias), lo cierto es que, muchas veces, la oferta es mucho mayor a la que se conoce. Sin lugar a dudas, el barrio siempre ofrecerá una que otra joyita que fascinará a sus vecinos y visitantes.
Ante esto, y con el objetivo de instalar en la “conciencia colectiva” la idea de “barrio cultural”, la Universidad de Santiago de Chile decidió impulsar y coordinar el proyecto “Circuito Cultural Santiago Poniente”, instancia que reúne a siete socios fundadores (además de la USACH participan el Planetario, Matucana 100, el Museo Nacional de Historia Natural, la Biblioteca de Santiago, Artequín y el Museo de Arte Contemporáneo de la Quinta Normal) y varios otros museos y centros históricos de la zona (la Estación Central, la Villa Portales, el Museo Ferroviario, el Museo de Ciencia y Tecnología, el Museo de la Educación y la Basílica de Lourdes, por mencionar sólo algunos).
Después de varios intentos por instalar una coordinación entre todas las instituciones del sector, y gracias a la firme voluntad del Rector de la Universidad de Santiago de Chile, Juan Manuel Zolezzi, de promover un polo científico y cultural en la zona, el sueño de la creación del “Circuito Cultural Santiago Poniente” comenzó a ver la luz a fines del año pasado con la adjudicación de fondos del Estado, mediante el Fondart en su línea Bicentenario, aprobado por la relevancia del proyecto en términos de “asociatividad”.
Un barrio con historia
La Quinta Normal de Agricultura, como se denominó en sus inicios, fue fundada en 1841 durante el gobierno de José Joaquín Prieto. Cuenta con más de 40 hectáreas y, por la diversidad de su flora y fauna, fue declarada Santuario de la Naturaleza por el Consejo de Monumentos Nacionales.
Desde su nacimiento, el parque ha tenido un carácter de espacio público abierto a la comunidad. Por esto, fue considerado como el sitio perfecto para la instalación en 1875 del Museo Nacional de Historia Natural, construido por el arquitecto francés Paul Lathoud. Pero además, a lo largo de los siglos XIX y XX, se fueron construyendo otros edificios que hoy forman parte del patrimonio cultural de la capital: la Escuela de Artes y Oficios (semilla de lo que hoy conocemos como Universidad de Santiago de Chile), el Pabellón de París (que alberga al Museo Artequín), la Basílica de Lourdes, el MAC de la Quinta Normal (cuyo edificio fue construido en 1918 por Alberto Cruz-Montt y Luciano Kulczewski), el Internado Nacional Barros Arana y la Estación Central, importante hito urbano que —desde fines del siglo XIX— constituye la puerta de entrada a la ciudad en el sector poniente.
El siglo XXI no se ha quedado atrás. Prueba de ello es el Planetario USACH (cuyo particular edificio fue inaugurado en 1985), la Biblioteca de Santiago (que recicla, magistralmente, las antiguas bodegas de la Dirección de Aprovisionamiento del Estado) y el Centro Cultural Matucana 100.
Con esta contundente materia prima, sólo faltaba crear una coordinación que materializara el anhelo de impulsar un circuito en la zona, definido no sólo por la cercanía física de las instituciones que lo conforman, sino que también —y principalmente— por el deseo común de activar la participación ciudadana en materias científicas y culturales. El desafío, ahora, es lograr que la comunidad reconozca y valore el legado patrimonial y natural de la zona, y que grandes y chicos aprovechen todo lo que el barrio tiene para ofrecerles.
< VOLVER > |